domingo, 25 de marzo de 2012

“LA DESNUTRICIÓN CRÓNICA COMO LIMITANTE EN EL DESARROLLO INTELECTUAL DE LOS NIÑOS MENORES DE CINCO AÑOS EN LAS REGIONES MÁS POBRES DEL PERÚ”.

INTRODUCCIÓN



En América Latina y el Caribe el problema de la desnutrición afecta aproximadamente a 53 millones de seres humanos, de los cuales 9 millones  son menores de cinco años y padecen de desnutrición crónica y se estima que hay nueve millones adicionales que están en riesgo de desnutrición, haciendo un total de 18 millones que requieren de una atención inmediata para evitar un mayor deterioro en la salud y evitar daños irreversibles en el desarrollo cognitivo. Guatemala (49%) es uno de los países con la más alta prevalencia de  desnutrición crónica en población infantil, seguida de Honduras (29%), Bolivia (27%), México (18%) y Brasil (11%) (PMA 2011: 1). La desnutrición crónica es un problema multidimensional; de derechos humanos ya que  viola  los derechos primordiales y fundamentales que tiene la niñez,  que es el acceso a la alimentación y a la buena nutrición. Constituye un problema  de Salud Pública porque afecta a una gran parte de la población mundial principalmente de los países en vías de desarrollo; que se ve agravada por ser una región de alta vulnerabilidad a los desastres naturales, anualmente se producen entre 25 a 30 desastres, que afectan a unos 30 millones de personas, siendo en su mayoría niñas y niños menores de cinco años (PMA 2001:2)

 En nuestro país la desnutrición crónica en menores de cinco años se ha reducido de 36.5% (1991/1992) a 25.4% en el año 2000 (INEI). Las regiones con alta prevalencia de desnutrición crónica son las  más pobres y paupérrimas, localizadas en su mayoría en la región andina y Amazónica, en donde predominan poblaciones indígenas que se caracterizan por presentar elevadas tasas de analfabetismo, elevada prevalencia de enfermedades infectocontagiosas, parasitosis, con acceso limitado a los servicios de agua y alcantarillado. Estas son: Apurímac (32.4%), Huancavelica (32%), Huánuco (28.9%), Ancash (27.3%), Cajamarca (26.6%), Ucayali (25.6%), Loreto (24.9%), Cusco (24.7%), Ayacucho (24.6%) y Junín (23.6%); que se ven agravadas por la alta prevalencia de anemia y deficiencia de micronutrientes. Existen evidencias científicas que demuestran que la desnutrición en los tres primeros años de vida  tienen un impacto negativo durante toda su ciclo de vida (PMA 2001: 1); disminuyendo el desarrollo físico,  el potencial intelectual, su capacidad de aprendizaje futura, su capacidad de razonamiento, capacidad productiva, la productividad agrícola y reduce el aporte en el desarrollo de su comunidad, región y por ende del país.

 En estas regiones  la desnutrición crónica es un mal endémico y pasa desapercibido por la comunidad y por las personas que padecen la enfermedad, tal como afirma Daniel Cotlear “el problema que tenemos es que la desnutrición peruana es invisible, porque la mayoría de los niños no son visiblemente esqueléticos, sino, simplemente son niños demasiado pequeños para su edad, apagados y que empiezan a tener problemas de aprendizaje”[1]. El problema de la desnutrición crónica en las regiones más pobres del país, representa una barrera para el desarrollo económico, social, cultural y tecnológico. Al contar con una población infantil con problemas de desnutrición crónica[2], quienes en el futuro van a presentar problemas de aprendizaje, problemas de concentración, deficiencias en el raciocinio que se manifiestan por el alto abandono escolar, repitencia  y por el aprendizaje deficiente en lógico matemático y comprensión lectora. Hecho que queda demostrado anualmente en la evaluación Censal que desarrolla el Ministerio de Educación, donde lo últimos lugares son copadas por estas regiones.

 Razones por las cuales, en el presente ensayo nos enfocaremos a demostrar como la desnutrición crónica en población menor de cinco años actúa como un limitante en el desarrollo del potencial intelectual, cognitivo; que en el futuro influirá de manera negativa en el logro de los objetivos académicos, en la productividad laboral, en la productividad de recursos y/servicios.  Por lo que, es necesario realizar una inversión agresiva en la educación,  infra estructura, en la agricultura, salud y sobre todo en mejorar el acceso a una alimentación de calidad, que permitirá erradicar la endemia de la desnutrición. Caso contrario, seguiremos siendo un país con  altas tasas de  desnutrición, de morbi mortalidad infantil y que estaremos heredando a las futuras generaciones la dicotomía pobreza/desnutrición.

 Una nación que no cuida el capital humano en una de las etapas más importantes del desarrollo, está condenado a su extinción; por lo que la clase gobernante del país, debe plantear políticas sólidas orientadas a disminuir  los daños en las poblaciones más desfavorecidas en el corto plazo y a mejorar el potencial de desarrollo intelectual y cognitivo en el largo plazo. Sólo así, seremos capaces de salir del sub desarrollo y ofrecer a las futuras generaciones una nación con oportunidades.

DESARROLLO

En los últimos 67 años (1940-2007) la población peruana ha crecido significativamente llegando a 29 461 933 habitantes (Censo 2007), de los cuales el 12% (3 546 840) corresponde a población infantil menor de cinco años, de estos un alto porcentaje padecen de desnutrición crónica. La desnutrición crónica está directamente relacionada con la pobreza y extrema pobreza, niveles educativos deficientes de los progenitores y/o cuidadores, ausencia de servicios básicos en las comunidades rurales principalmente, vivir en zonas alto andinas y Amazónicas, acceso limitado a los servicios de salud, hábitos de higiene inadecuados, ingesta insuficiente de nutrientes y el bajo peso al nacer. En las regiones más pobres y excluidas, se ha convertido en un endemia crónica y en un problema de Salud Pública, que si no son tratados van a comprometer el desarrollo físico, emocional e intelectual; reduciendo sus posibilidades de desarrollo y capacidad productiva y de aporte en el desarrollo de la nación. Por ejemplo a nivel nacional la prevalencia de la desnutrición crónica en el periodo 2010 es de 18.1 %, sin embargo, en las regiones más empobrecidas del país esta cifra se duplica;  tal como lo confirma los resultados de ENAHO I (ENAHO 2008)
 Durante los tres primeros años de vida se lleva a cabo el crecimiento y desarrollo cerebral, quien dispone de 100 000 millones de células nerviosas al momento de nacer, que todavía no están conectadas entre sí, pero que se organizarán en forma de redes constituido por millones de conexiones nerviosas; es en esta etapa en la que se determina el potencial intelectual que va regir  el resto de la vida. Sin embargo, la carencia de nutrientes en este periodo es determinante ya que va afectar el crecimiento y desarrollo de la masa encefálica, produciendo incluso su atrofia, disminución en la división neuronal, disminución en el tamaño  cerebral, disminución del número de células neurológicas y disminución en las conexiones neuronales. Durante los primero seis meses el cerebro alcanza el 50% de su peso adulto, el 90% a los cinco años y para llegar al 95% a los diez años. Los niños que sufren desnutrición en etapas tempranas y críticas; en el futuro presentarán una disminución en el rendimiento escolar, coeficiente intelectual disminuido, ingreso tardío a la educación, la no aprobación escolar y el abandono escolar. Con lo que, el capital humano de una comunidad se ve reducida y condenada a vivir en el atraso y subdesarrollo.
         
         
Los infantes desnutridos sufren  carencias de micronutrientes, cuyas deficiencias producen un sin número de alteraciones físicas, psíquicas y sociales. Entre estas alteraciones se puede mencionar por ejemplo: retraso mental, hidrocefalia, trastornos en el neuro desarrollo, alteraciones en el comportamiento, entre otros. Nuestros niños están sometidos a grandes carencias y nos preguntamos ¿Cuál va ser el futuro de estos niños? ¿Cómo van a competir intelectualmente con otros niños de las naciones más desarrolladas en un mundo globalizado? Uno de los micronutrientes que interviene en el proceso de mielinización es el hierro y su déficit en etapas tempranas causa una alteración de los receptores y transportadores de dopamina comprometiendo las respuestas afectivas y el funcionamiento cognoscitivo. Grantham concluye que la anemia producida en los primeros años influyó en el bajo rendimiento académico, aún después de que la anemia ha sido tratada (Cadavid 2009: 193).


Existen evidencias que demuestran que las deficiencias nutricionales no son las únicas determinantes del bajo rendimiento, sino también los factores socio económicos negativos, tal como han sido demostrados por Ivanovic y Col. cuyos resultados coinciden con los hallados por Quiroz  al encontrar que las condiciones socioeconómicas aparece como uno de los factores más relevantes que afectan el rendimiento intelectual. Estos hallazgos están directamente relacionados con la capacidad adquisitiva de la población y lógicamente los de condiciones socioeconómicas limitadas, son los que menos acceden a una alimentación de calidad y sufren de carencias crónicas de la mayoría de los oligoelementos  que son esenciales para el desarrollo óptimo de las potencialidades intelectuales.

 La medida de la circunferencia craneana “se ha convertido en un indicador antropométrico de gran relevancia dado que se asocia directamente con el rendimiento escolar y el coeficiente intelectual” (Willerman y col. 1991). Por lo que, se deduce “que un cerebro más grande podría traducirse en un mayor número de neuronas en la corteza cerebral y mayor delimitación de las áreas de sustancia blanca, lo que indicaría una mayor mielinización, favoreciendo la conducción neuronal” (Ivanovic 1998). Se podría asociar la medida de la circunferencia craneana con la historia nutricional y una circunferencia menor (microcefalia) estaría demostrando el grado de desnutrición a la que fue sometido en sus primeros años de vida. Estos niños/as no van a responder al proceso de enseñanza aprendizaje, no participarán activamente en las sesiones educativas, presentarán menor capacidad de atención, menor capacidad de raciocinio, limitadas esperanzas de desarrollo y productividad. En las regiones más pobres los niños que sufren de desnutrición en sus primeros años de vida, el potencial de desarrollo intelectual, emocional y cognitivo estarán disminuidos. Tal como demuestra la evaluación de estudiantes de segundo grado, donde los estudiantes de las regiones con  alta prevalencia  de desnutrición crónica no llegan a alcanzar el nivel de aprendizaje deseado o esperado, lo que demuestra el papel fundamental que cumple la nutrición en el aprendizaje y en el desarrollo óptimo del sistema nervioso central.

 Para demostrar los efectos que puede causar la desnutrición sobre el desarrollo intelectual, es necesario revisar algunos estudios que se realizaron experimentalmente. En investigaciones realizadas con el objetivo de estudiar los efectos de la desnutrición precoz sobre el sistema nervioso central, los resultados obtenidos confirmaron la existencia de una menor capacidad de aprendizaje en animales que habían sufrido desnutrición precoz; quienes necesitaron mayor tiempo para realizar un determinado proceso, cometieron mayor número de errores, requirieron mayor número de días para alcanzar el aprendizaje con respecto al grupo control (Sánchez 1975: 108). Evidencias que nos indica el grave daño que  no sólo causa  al desarrollo y crecimiento del sistema nerviosos central, sino también influye sobre la actividad funcional. Dobbing y Sands llegaron a la conclusión que la desnutrición hace que exista un encéfalo desproporcionadamente pequeño y una disminución en el número de células nerviosas. Otros estudios como lo realizado por Hsuch y Col. sobre ratas afectos a desnutrición precoz, demostraron que no existe relación entre el desarrollo corporal y la capacidad de aprendizaje, ya que mientras el primero se muestra reversible con la rehabilitación nutricional, no ocurre así con el segundo (Sánchez 1975: 109). Los niños que sufrieron de desnutrición precoz y que no han sido tratados oportunamente, tal como ocurre en las comunidades más alejadas del país, en donde la desnutrición pasa desapercibido por la comunidad; los daños en el desarrollo intelectual serían irreversibles. Si el problema es tratada después del periodo de los cinco años, sólo servirá para mejorar el desarrollo físico y  no así para recuperar el potencial de desarrollo intelectual que prácticamente ya está determinado. En las evaluaciones Censales que realiza el Ministerio de Educación, observamos los logros alcanzados por los estudiantes del segundo  grado de  educación básica en el área de matemática y comprensión lectora, por ejemplo en la región Loreto sólo el 1% alcanzaron un nivel óptimo en matemática y el 66% niveles deficientes, Madre de Dios el 6.2% alcanzaron un nivel óptimo y el 66.3% no alcanzaron las competencias requeridas (ver gráfico N° 03 y N° 04 ) Demostrando así los efectos de la desnutrición crónica a la que fueron sometidos los estudiantes en etapas tempranas de desarrollo. Pero para los políticos etnocéntricos, centralistas y acomplejados, el bajo rendimiento en las evaluaciones censales es producto del sistema educativo deficiente de la que dispone el país. Si no mejoramos las condiciones de vida de la población y no erradicamos la desnutrición crónica, aunque dispongamos de proyectos educativos eficaces no lograrán  resultados en una población donde campea el hambre, la miseria y la desnutrición crónica.

 La raíz del problema es la pobreza en la que viven millones de niños principalmente de las regiones más excluidas del país, en la que la desnutrición se ha convertido en un ciclo inter generacional. (Ver gráfico N° 05) La pobreza incrementa la desnutrición, pero también es cierto que la buena alimentación disminuye la pobreza. Si no enfrentamos la pobreza, los esfuerzos que realizamos por disminuir la desnutrición crónica se convertirá en una utopía, en una ilusión y la desnutrición seguirá limitando el desarrollo mental, cognitivo e intelectual de los niños en las etapas más importante de sus vidas.
 
La pobreza está distribuida de manera inequitativa, predominando en las regiones del interior del país (ver Gráfico N° 06) que va influir en el desarrollo integral de los niños, pero de manera negativa. El futuro de estos niños estará limitado y sus posibilidades de vida futura, de rendimiento intelectual, laboral, agrícola serán deficientes, por ejemplo: la prevalencia de desnutrición crónica en infantes menores de 5 años beneficiarias del Programa JUNTOS es de 46.8% (teniendo como patrón referencial de la OMS) y el 63.6% de niños menores 3 años padecen de anemia (ENDES 2010)
 La población infantil de las regiones donde existe una alta prevalencia de desnutrición crónica es más susceptibles y vulnerables de morir y de desarrollar diversas enfermedades infectocontagiosas, de patologías degenerativas como la hipertensión arterial, diabetes, enfermedad coronaria en la etapa adulta. Hay evidencias científicas que señalan que la desnutrición y la infección se entrelazan íntimamente potenciando su efecto en forma recíproca, porque su sistema de defensa se ha comprometido o alterado. Es así, como Dawson y Blogg llegaron a la conclusión de que la saliva de los niños desnutridos no poseía actividad antimicrobiana. Padecer una enfermedad deteriora el desarrollo físico e intelectual, lo que en el futuro se traducirá a capacidades mentales disminuidas de la población.

La OMS ha demostrado que el crecimiento de los niños es uniforme a nivel mundial y dependen hasta los cinco años más de la nutrición, de prácticas adecuadas de alimentación, el medio ambiente y la atención sanitaria, que de factores genéticos o étnicos (De la Matta 2008). Durante el periodo de desarrollo, factores como la genética, ambiente, biológicas y sociales contribuyen de manera complementaria en los momentos críticos de diferenciación neuronal, de crecimiento y desarrollo cerebral. Las oportunidades proporcionadas en los primeros años de vida son cruciales, importantes, fundamentales, vitales y son los que van a determinar los resultados a lo largo de la vida (Maggi  2005). Si no actuamos oportunamente la capacidad de desarrollo intelectual de los niños del ande y de la Amazonía estarán siendo minimizados, disminuidos y condenados a vivir en condiciones de pobreza extrema y marginación.  El rendimiento escolar en el futuro va ser desalentador, produciéndose altas tasas desaprobación y de repetidores (ver gráfico N° 06) ejemplo en la región Huánuco (16.7%) el porcentaje de repetidores es casi el triple del promedio nacional (6.2%)
 La desnutrición crónica impacta de manera negativa en la educación, en la salud y en la productividad e impide el desarrollo de los países, es así como Barber pudo observar que el coeficiente intelectual de las naciones estuvo negativamente correlacionado con el analfabetismo, la labor agrícola, la mortalidad infantil y la incidencia de bajo peso al nacer, y positivamente correlacionado con el acceso a la educación y al PBI. Las regiones empobrecidas del país deben plantear como políticas prioritarias inmediatas o de emergencia el manejo adecuado de su población infantil desnutrida con el objetivo de prevenir las graves secuelas de letargo intelectual que produce la desnutrición. La educación juega un rol fundamental en los primeros años de la vida del ser humano, razones por las cuales en los últimos años las Municipalidades han implementado programas de estimulación temprana, por ejemplo los wawa wasis que se dedican al cuidado de niños menores de tres años y donde se les brinda una alimentación de acorde a los requerimientos del infante. Estos programas de estimulación temprana y apoyo alimentario deben implementarse en las regiones con las tasas más altas de desnutrición crónica. Sin embargo, en las regiones prevalecen tasas altas de analfabetismo principalmente femenino, que va influir de manera desfavorable en el cuidado y atención de niños menores de cinco años (ver Gráfico N° 07)
 
La desnutrición crónica es un indicador del nivel de desarrollo que ha alcanzado una nación, lograr su disminución o la erradicación contribuirá a garantizar el desarrollo de las capacidades físicas, intelectuales, emocionales y sociales de la población infantil (INEI 2010). Si el país no cuida adecuadamente el cerebro de su infancia está destinado a la decadencia, al subdesarrollo, a subsistir con la pobreza y en el atraso científico y tecnológico. La mayoría de los países latino americanos como: Brasil, Uruguay y Argentina destinan una buena parte del presupuesto nacional en programas sociales destinados a los más desposeídos y desamparados de la sociedad. Es momento que el Perú practique una política con rostro humano, una política de inclusión y que invierta en la educación, en la salud y en la nutrición de los más necesitados.

Pero también es cierto, que no solo la desnutrición limitará el desarrollo intelectual del niño, sino que depende de otros factores como: el ambiente agradable que se debe ofrecer, el amor familiar, la estimulación tempana que debe comenzar desde la concepción, a factores genéticos de los progenitores. Sin embargo, una carencia o deficiencia en el aporte de nutrientes en los tres primeros años de vida es fundamental para alcanzar el verdadero potencial de desarrollo intelectual; tal como plantea Gonzales “debemos preservar el cerebro, ya que podemos tener la mejor semilla del mundo, pero si no tenemos un “sustrato”, una tierra adecuada donde sembrarla, nunca germinará o lo hará muy precariamente” (Gonzales 2008: 5), la desnutrición crónica que se produce en los primeros años produce daños irreversibles en el cerebro que no va permitir el logro óptimo en el rendimiento intelectual del futuro ciudadano.

Finalmente es necesario destacar el papel primordial que juega el Estado en la protección, estimulación y desarrollo del capital más preciado para una nación; en el  siglo XXI predomina el conocimiento, siendo los países más prósperos y ricos los que desarrollaron a un nivel máximo el poder intelectual de sus habitantes,  por ejemplo: Japón es la nación que posee uno de los sistemas educativos más eficientes del planeta, Estados Unidos posee las mejores universidades y todas ellas abocadas a la investigación y a la innovación tecnológica. Estas naciones se caracterizan por haber erradicado la desnutrición, por desarrollar programas de estimulación temprana, por presentar los sistemas educativos más eficientes y productivos. Hechos que demuestran el camino a seguir para lograr el ansiado desarrollo, caso contrario seguiremos siendo una nación subdesarrollada, sin esperanzas y con un futuro incierto.

CONCLUSIÓN
La desnutrición crónica en los primeros años, juega un papel decisivo ya que no sólo altera el crecimiento y desarrollo físico, sino que también influye negativamente en el crecimiento, desarrollo de la masa encefálica pudiendo incluso alterar su funcionamiento, atrofiar y reducir el número de células nerviosas; lo que limitará el desarrollo del potencial intelectual, la capacidad de razonamiento, la creatividad, la imaginación, la capacidad de socialización que deberían lograr. Para garantizar un óptimo desarrollo cognitivo se debe prevenir la desnutrición en etapas tempranas, lo que permitirá no solamente el  crecimiento y desarrollo funcional del cerebro, así también se debe intervenir en las dimensiones psicológicas y sociales que devienen de la privación de alimentos que afectan la salud mental de los infantes  y por consiguiente en su rendimiento intelectual.

 Para lograr el desarrollo máximo del intelecto humano, es necesario la acción de diversos factores, pero siendo decisivos la alimentación de calidad  en los primeros años de vida, los cuidados adecuados y la estimulación temprana a la que deben acceder desde la etapa gestacional, y que debe continuar hasta los cinco años, etapa en que se desarrolla el 95% de la capacidad intelectual y cognitiva.

 El Estado debe tener como meta fundamental la erradicación de la pobreza y la desnutrición crónica, proteger y estimular el desarrollo del potencial intelectual en los primeros 5 años. Así estaremos garantizando seres humanos con altas potencialidades, productivos, capaces de generar tecnologías y conocimientos científicos y, que conduzcan al país al desarrollo racional y sostenido.


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